Románico, Mudéjar, el pueblo de Castro y Jaime I
En un punto estratégico sobre una de las
paredes que forman el acantilado sobre el Congosto del río
Ésera, se levantó hacia el ao 1002 un poblado defensivo,
del que permanece en buena factura el Templo de Castro
dedicado a San Román.
La Antigua
población, actualmente deshabitada situada en la cúspide
de la sierra, en la que empieza a encajar su profundo cauce el río
Ésera formando el Congosto de Olvena, la verdadera atalaya
meridional de la Ribagorza más estratégica. En lo más
alto e inaccesible edificaron los primeros reyes de Aragón un
castillo e instituyeron una tenencia o señorío. Desde
ella se dominaba por el este y norte la torre vigía de
Torreciudad, el castillo de Secastilla, Grustán, con su
iglesia románica en la cumbre de una meseta, Torres del Obispo
y el camino hacia Benabarre por el este y, a sus pies, los
desaparecidos pueblos de Cáncer y Barasona y su ermita
románica de San Lligüerri en una pequeña cresta
rocosa, donde se cerró en 1932 el curso del Ésera con
la presa del embalse de Joaquín Costa.
El
castillo era inexpugnable por la misma naturaleza del terreno
elegido. Se edificó sobre un espigón calcáreo,
al final de una cresta transversal al río Ésera por su
vertiente derecha, que forma acantilados extraplomados por sus
costados este, norte y oeste, mientras que por el sur el terreno en
cuesta y con bancales artificiales permitió la construcción
de una Iglesia de grandes dimensiones y bajo ella las casas, antes de
proyectarse en otro acantilado sobre el río.
Lo
poco que queda de los muros del castillo permiten distinguir dos
niveles fortificados. Una torre en la cúspide, que parece fue
de planta cuadrada, construida con sillares regulares cuadrados. Bajo
ella, un aljibe, que fue rectangular y abovedado, y unas dos terrazas
más abajo hacia el sur, una muralla, articulada por tres cubos
rectangulares, del mismo aparejo, bastante descarnado, que el de la
atalaya. Bajo la oquedad occidental de la roca se conserva la balsa
de la Ubaga, que abastecía permanentemente de agua a los
habitantes y ganado de Castro.
La recuperación de este Castillo
se encuentra recogida dentro del programa de Castillos y otros
elementos de Arquitectura defensiva y programa de restauración
del Románico promovida conjuntamente por el Ministerio de
Fomento y el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte dentro
del 1% cultural. Actuación que, con un importe de 218.770 €
tiene previsto ejecutarse en los ejercicios 2004-2005.
En el siglo XII Don Jaime I incorporó el territorio
a la Corona de Aragón y creó la baronía de Castro
con otorgación de la misma a su hijo bastardo Ferrán
Sánchez (*).
Ermita
Románica de San Román de Castro
Declarada monumento
histórico-artístico
el 28 de julio de 1.944 (B.O.E. 10-08-1944)
El templo consta de planta rectangular de nave única
y cabecera en semicírculo mirando a Oriente sobre la vertical del
precipicio. Sillería bien pulimentada sentada con argamasa. El abside
luce funa arquería lombarda y friso ajedrezado bajo el alero.
Gruesos contrafuertes, ábside de tres vanos en posición
radial. Dos puertas pequeas laterales y puerta centrada en
fachada a poniente bajo arcada de medio punto sobre la que existe
un crismón trinitario en la clave. Ventana de iluminación
y espada de doble ojo sobre pión del hastial
Consta
de una amplia nave, con esbelta bóveda de medio cañón,
dividida en cuatro tramos con fajones, mas un presbiterio muy
desarrollado, que en los muros exteriores tienen el contrarresto de
los contrafuertes, construida con buen piedra sillar. Lo más
vistoso y donde se concentra toda la ornamentación esculpida
románica es el ábside. Por fuera está tratado al
modo de la tradición lombarda, con cinco series de arquillos
ciegos entre pilastras, que enmarcan las tres ventanas. Bajo el
tejado se decora con un estrecho friso de ajedrezado.
En el interior destaca la peculiar forma ornamental
del hemiciclo absidial, la bóveda de sillería y cuatro
tramos demarcados por pilastrillas adosadas recibiendo arcos fajones
de mucha luz.
A media altura del último tramo, con
16 vigas de gran sección que cargan desde el muro de fachada
hasta un arco rebajado transversal, en piedra, sobre el que vuelan
un metro hacia el altar. Forma un artesonado con puntas de maderos tallados,
policromía y vivos colores de estilo oriental, es una importante
pieza de estilo Mudéjar, de segunda mitad del siglo XIII o comienzos
del XIV.
Este
mismo esquema decorativo lo articula también por su parte
interior, pues las ventanas están enmarcadas por cuatro
arquivoltas rectangulares, de las que las más externas van
sobre cuatro capiteles, dos con decoración de hojas y la otra
pareja con elementales figuritas humanas, a modo de friso en uno y,
en el otro, un hombre agarrando por las fauces un cuadrúpedo
de dos cuerpos. De nuevo el fino friso de ajedrezado recorre los
muros laterales de la nave.
A
tal Iglesia, vinculada y al servicio de unos colonos, le correspondía
tener tres puertas de entrada. La principal es la de los pies, en
gran arco de medio punto, sin más decoración que un
pequeño crismón en la clave. Dos puertas mucho más
pequeñas y angostas, también en arco, abren en eje
hacia la mitad de la nave. Una al norte, que desciende desde el
antiguo cementerio, entre la muralla y la iglesia, y la otra en el
muro sur, desciende a su vez desde la nave mediante cinco escalones y
abre en alto al exterior, frente a las casas.
A
lo largo de los siglos, las diversas familias que se sucedieron en el
título nobiliario de Castro enriquecieron espléndidamente
la iglesia con ornamentos y objetos litúrgicos. Las piezas que
han perdurado a los avatares de la historia son suficientemente
elocuentes de la importancia suntuaria y artística que llegó
a alcanzar esta iglesia. Entre ellas, la primera con que se topa el
visitante al entrar es con la gran pila bautismal bajo el coro,
labrada en forma circular en una sola pieza.
El
piso de madera del coro, construido a los pies de la Iglesia sobre un
arco rebajado, es una obra singular y maestra de la carpintería
mudéjar en todo el territorio del Alto Aragón
(Declarado Patrimonio de la Humanidad junto con el resto del mudéjar
aragonés). Tiene unas dimensiones de 8,60m. De ancho por 4,88
de largo, armado sobre diecisiete vigas que en el frente sobresalen
con quince proas labradas y pintadas, mientras que en el muro
posterior apean en una jácena sobre zapatas decoradas del
mismo modo.
En
terminología mudéjar, correspondería a una
techumbre del tipo alfarje, que presenta policromadas todas las caras
de las vigas, zapatas y faldones con tres tipos de decoración:
rostros monstruosos en las proas y en los laterales de las cuatro
zapatas, mientras que los frentes de éstas se decoran con
finos rostros humanos de largas cabelleras; animales fantásticos
sacados de los bestiarios medievales en las caras laterales de las
proas, combinados con motivos vegetales entrelazados y letras árabes
muy estilizadas; como tercer formulario ornamental, cuarenta escudos
nobiliarios (de los cuarenta y seis que debió tener en origen)
que adornan los faldones de las jácenas principales. Se
reitera el escudo parlante de los Castro – un castillo sobre campo
azur- y otro con cinco bezantes, pero los hay cuartelados con luceros
o animales pasantes, como testimonios de las distintas familias que
heredaron el título de la baronía de Castro.
En
la Iglesia Parroquial se expone actualmente una tribuna de madera que
estaba colocada en alto en el muro del Evangelio del presbiterio,
llamado el balcón de la marquesa. Fina obra de
carpintería gótica de finales del siglo XV, con
decoración calada de formas de tracería flamígera,
montada sobre canecillos muy moldurados, una jácena y ésta,
a su vez sobre dobles canetes de madera labrada en los extremos.
Dentro
del mismo programa de recuperación del Castillo, están
previstas algunas actuaciones en la Iglesia, restauración del
artesonado y reposición en su emplazamiento del Balcón
de la Marquesa.
Así
mismo se está llevando a cabo por el Ayuntamiento la
restauración de varias casas del antiguo poblado y la limpieza
del trazado de las calles, actuación que se lleva a cabo en el
marco del programa de convenios de colaboración del INAEM con
las Corporaciones Locales y, parte de las cuales, también
están incluidas en el programa anteriormente mencionado.
(*) Jaime I el Conquistador y Castro
Ext. del artículo editado en el Diario Alto
Aragón por Antonio Torres Rausa
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Visto lo que es hoy Castro, lugar apacible y callado entre
romero oloroso y piedras olvidadadas, parece imposible que a mediados del
siglo XIII ocupase la atención y el deseo del Rey Conquistador,
de manera que fue uno de los castillos que revertieron a la Corona, y lo
que es más importante, diese nombre al linaje que nacería de
su propia y juvenil sangre al haber escogido precisamente Castro como feudo
que, con el título de Baronía, iba a regalar a su hijo
natural Ferrán Sánchez, el hijo de los pecados de su juventud
y penitencia y cilicio de sus últimos días.
El Rey Don Jaime nació en 1207, y sabemos por historiadores
contempotáneos suyos como Descloto Muntaner, que era persona
de trato agradable y de temperamento ardiente, apasionado y varonil.
En cuanto a su aspecto externo, dice Desclot en el ao 1300, que "este
Rey de Aragón Jaime fue el más bello del mundo: sobrepasaba
un palmo a cualquier otro hombre, cara grande y rubia, nariz larga,
boca bien hecha, dientes grandes y muy blancos que parecían
perlas, ojos negros, grandes espaldas, delgado pero con recios brazos y bellas
manos, piernas largas ..." Otro historiador posterior Bernat Boadas
decía en 1420 que "fue muy belicoso y guerreador ... sabiendo
manejar admirablemente todas las armas, así como la palabra y
las Sagradas Escrituras". Pero los tres cronistas
coincidín, también, en que, al igual que su padre Pedro
el Católico, fue un hombre mujeriego: "No tenía en
toda la cristiandad otro que lo igualase, y era tan gentil
y hermoso de aspecto, que todas las damas giraban sus ojos al verlo, de
manera que no tenía trabajo alguno para escoger entre ellas".
Este era el padre de Ferrán Sánchez,
y es de suponer que la madre, Blanca de Antillón, debía
ser un monumento de mujer, para haberse fijado en ella quien tantas facilidades
tenía para la conquista de mujeres que
lo de Conquistador parece que también le viene de esto. El hijo
de ambos, Ferrán aunque bastardo,
predilecto del Rey durante muchos aos,
madera de tal astilla. Baste, por el momento, esta tarjeta de
presentación de la familía y del que fue el primer
Barón de Castro e iniciador de este noble y real apellido,
uno de los cinco más importantes de Aragón.
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