Agosto de 2010


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Si el orador se limita a fustigar los vicios, la iglesia será siempre el cuartel de las viejas. Abraham de Santa Clara. Predicador alemán.











La Puebla de Castro (www.lapuebladecastro.com)
www.lapuebladecastro.com > Patrimonio > Edad Media > Jaime I y Castro


Románico, Mudéjar, el pueblo de Castro y Jaime I

En un punto estratégico sobre una de las paredes que forman el acantilado sobre el Congosto del río Ésera, se levantó hacia el ao 1002 un poblado defensivo, del que permanece en buena factura el Templo de Castro dedicado a San Román.





La Antigua población, actualmente deshabitada situada en la cúspide de la sierra, en la que empieza a encajar su profundo cauce el río Ésera formando el Congosto de Olvena, la verdadera atalaya meridional de la Ribagorza más estratégica. En lo más alto e inaccesible edificaron los primeros reyes de Aragón un castillo e instituyeron una tenencia o señorío. Desde ella se dominaba por el este y norte la torre vigía de Torreciudad, el castillo de Secastilla, Grustán, con su iglesia románica en la cumbre de una meseta, Torres del Obispo y el camino hacia Benabarre por el este y, a sus pies, los desaparecidos pueblos de Cáncer y Barasona y su ermita románica de San Lligüerri en una pequeña cresta rocosa, donde se cerró en 1932 el curso del Ésera con la presa del embalse de Joaquín Costa.

El castillo era inexpugnable por la misma naturaleza del terreno elegido. Se edificó sobre un espigón calcáreo, al final de una cresta transversal al río Ésera por su vertiente derecha, que forma acantilados extraplomados por sus costados este, norte y oeste, mientras que por el sur el terreno en cuesta y con bancales artificiales permitió la construcción de una Iglesia de grandes dimensiones y bajo ella las casas, antes de proyectarse en otro acantilado sobre el río.

Lo poco que queda de los muros del castillo permiten distinguir dos niveles fortificados. Una torre en la cúspide, que parece fue de planta cuadrada, construida con sillares regulares cuadrados. Bajo ella, un aljibe, que fue rectangular y abovedado, y unas dos terrazas más abajo hacia el sur, una muralla, articulada por tres cubos rectangulares, del mismo aparejo, bastante descarnado, que el de la atalaya. Bajo la oquedad occidental de la roca se conserva la balsa de la Ubaga, que abastecía permanentemente de agua a los habitantes y ganado de Castro.

La recuperación de este Castillo se encuentra recogida dentro del programa de Castillos y otros elementos de Arquitectura defensiva y programa de restauración del Románico promovida conjuntamente por el Ministerio de Fomento y el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte dentro del 1% cultural. Actuación que, con un importe de 218.770 € tiene previsto ejecutarse en los ejercicios 2004-2005.

En el siglo XII Don Jaime I incorporó el territorio a la Corona de Aragón y creó la baronía de Castro con otorgación de la misma a su hijo bastardo Ferrán Sánchez (*).

Ermita Románica de San Román de Castro

Declarada monumento histórico-artístico el 28 de julio de 1.944 (B.O.E. 10-08-1944)

El templo consta de planta rectangular de nave única y cabecera en semicírculo mirando a Oriente sobre la vertical del precipicio. Sillería bien pulimentada sentada con argamasa. El abside luce funa arquería lombarda y friso ajedrezado bajo el alero. Gruesos contrafuertes, ábside de tres vanos en posición radial. Dos puertas pequeas laterales y puerta centrada en fachada a poniente bajo arcada de medio punto sobre la que existe un crismón trinitario en la clave. Ventana de iluminación y espada de doble ojo sobre pión del hastial

Consta de una amplia nave, con esbelta bóveda de medio cañón, dividida en cuatro tramos con fajones, mas un presbiterio muy desarrollado, que en los muros exteriores tienen el contrarresto de los contrafuertes, construida con buen piedra sillar. Lo más vistoso y donde se concentra toda la ornamentación esculpida románica es el ábside. Por fuera está tratado al modo de la tradición lombarda, con cinco series de arquillos ciegos entre pilastras, que enmarcan las tres ventanas. Bajo el tejado se decora con un estrecho friso de ajedrezado.

En el interior destaca la peculiar forma ornamental del hemiciclo absidial, la bóveda de sillería y cuatro tramos demarcados por pilastrillas adosadas recibiendo arcos fajones de mucha luz.

A media altura del último tramo, con 16 vigas de gran sección que cargan desde el muro de fachada hasta un arco rebajado transversal, en piedra, sobre el que vuelan un metro hacia el altar. Forma un artesonado con puntas de maderos tallados, policromía y vivos colores de estilo oriental, es una importante pieza de estilo Mudéjar, de segunda mitad del siglo XIII o comienzos del XIV.

Este mismo esquema decorativo lo articula también por su parte interior, pues las ventanas están enmarcadas por cuatro arquivoltas rectangulares, de las que las más externas van sobre cuatro capiteles, dos con decoración de hojas y la otra pareja con elementales figuritas humanas, a modo de friso en uno y, en el otro, un hombre agarrando por las fauces un cuadrúpedo de dos cuerpos. De nuevo el fino friso de ajedrezado recorre los muros laterales de la nave.

A tal Iglesia, vinculada y al servicio de unos colonos, le correspondía tener tres puertas de entrada. La principal es la de los pies, en gran arco de medio punto, sin más decoración que un pequeño crismón en la clave. Dos puertas mucho más pequeñas y angostas, también en arco, abren en eje hacia la mitad de la nave. Una al norte, que desciende desde el antiguo cementerio, entre la muralla y la iglesia, y la otra en el muro sur, desciende a su vez desde la nave mediante cinco escalones y abre en alto al exterior, frente a las casas.

A lo largo de los siglos, las diversas familias que se sucedieron en el título nobiliario de Castro enriquecieron espléndidamente la iglesia con ornamentos y objetos litúrgicos. Las piezas que han perdurado a los avatares de la historia son suficientemente elocuentes de la importancia suntuaria y artística que llegó a alcanzar esta iglesia. Entre ellas, la primera con que se topa el visitante al entrar es con la gran pila bautismal bajo el coro, labrada en forma circular en una sola pieza.

El piso de madera del coro, construido a los pies de la Iglesia sobre un arco rebajado, es una obra singular y maestra de la carpintería mudéjar en todo el territorio del Alto Aragón (Declarado Patrimonio de la Humanidad junto con el resto del mudéjar aragonés). Tiene unas dimensiones de 8,60m. De ancho por 4,88 de largo, armado sobre diecisiete vigas que en el frente sobresalen con quince proas labradas y pintadas, mientras que en el muro posterior apean en una jácena sobre zapatas decoradas del mismo modo.

En terminología mudéjar, correspondería a una techumbre del tipo alfarje, que presenta policromadas todas las caras de las vigas, zapatas y faldones con tres tipos de decoración: rostros monstruosos en las proas y en los laterales de las cuatro zapatas, mientras que los frentes de éstas se decoran con finos rostros humanos de largas cabelleras; animales fantásticos sacados de los bestiarios medievales en las caras laterales de las proas, combinados con motivos vegetales entrelazados y letras árabes muy estilizadas; como tercer formulario ornamental, cuarenta escudos nobiliarios (de los cuarenta y seis que debió tener en origen) que adornan los faldones de las jácenas principales. Se reitera el escudo parlante de los Castro – un castillo sobre campo azur- y otro con cinco bezantes, pero los hay cuartelados con luceros o animales pasantes, como testimonios de las distintas familias que heredaron el título de la baronía de Castro.

En la Iglesia Parroquial se expone actualmente una tribuna de madera que estaba colocada en alto en el muro del Evangelio del presbiterio, llamado el balcón de la marquesa. Fina obra de carpintería gótica de finales del siglo XV, con decoración calada de formas de tracería flamígera, montada sobre canecillos muy moldurados, una jácena y ésta, a su vez sobre dobles canetes de madera labrada en los extremos.

Dentro del mismo programa de recuperación del Castillo, están previstas algunas actuaciones en la Iglesia, restauración del artesonado y reposición en su emplazamiento del Balcón de la Marquesa.

Así mismo se está llevando a cabo por el Ayuntamiento la restauración de varias casas del antiguo poblado y la limpieza del trazado de las calles, actuación que se lleva a cabo en el marco del programa de convenios de colaboración del INAEM con las Corporaciones Locales y, parte de las cuales, también están incluidas en el programa anteriormente mencionado.





(*) Jaime I el Conquistador y Castro

Ext. del artículo editado en el Diario Alto Aragón por Antonio Torres Rausa

Visto lo que es hoy Castro, lugar apacible y callado entre romero oloroso y piedras olvidadadas, parece imposible que a mediados del siglo XIII ocupase la atención y el deseo del Rey Conquistador, de manera que fue uno de los castillos que revertieron a la Corona, y lo que es más importante, diese nombre al linaje que nacería de su propia y juvenil sangre al haber escogido precisamente Castro como feudo que, con el título de Baronía, iba a regalar a su hijo natural Ferrán Sánchez, el hijo de los pecados de su juventud y penitencia y cilicio de sus últimos días.

El Rey Don Jaime nació en 1207, y sabemos por historiadores contempotáneos suyos como Descloto Muntaner, que era persona de trato agradable y de temperamento ardiente, apasionado y varonil. En cuanto a su aspecto externo, dice Desclot en el ao 1300, que "este Rey de Aragón Jaime fue el más bello del mundo: sobrepasaba un palmo a cualquier otro hombre, cara grande y rubia, nariz larga, boca bien hecha, dientes grandes y muy blancos que parecían perlas, ojos negros, grandes espaldas, delgado pero con recios brazos y bellas manos, piernas largas ..." Otro historiador posterior Bernat Boadas decía en 1420 que "fue muy belicoso y guerreador ... sabiendo manejar admirablemente todas las armas, así como la palabra y las Sagradas Escrituras". Pero los tres cronistas coincidín, también, en que, al igual que su padre Pedro el Católico, fue un hombre mujeriego: "No tenía en toda la cristiandad otro que lo igualase, y era tan gentil y hermoso de aspecto, que todas las damas giraban sus ojos al verlo, de manera que no tenía trabajo alguno para escoger entre ellas".

Este era el padre de Ferrán Sánchez, y es de suponer que la madre, Blanca de Antillón, debía ser un monumento de mujer, para haberse fijado en ella quien tantas facilidades tenía para la conquista de mujeres que lo de Conquistador parece que también le viene de esto. El hijo de ambos, Ferrán aunque bastardo, predilecto del Rey durante muchos aos, madera de tal astilla. Baste, por el momento, esta tarjeta de presentación de la familía y del que fue el primer Barón de Castro e iniciador de este noble y real apellido, uno de los cinco más importantes de Aragón.
















































Ultima actualización: Agosto de 2010
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